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Por Soledad Carretero Perez

Para la Doctora en Psicología y docente del curso, Soledad Carretero Perez, "La mejor manera de aprender es accionando, practicando la habilidad que queremos desarrollar. En este curso queremos apuntar al desarrollo de las habilidades de observación y análisis fundamentado de la acción espontánea del bebé".


Compartimos las reflexiones del trabajo "Movernos y sentir(nos) con otros", realizado por graduadxs del Curso de Posgrado La vida del bebé, donde observan y analizan escenas de interacción aplicando conceptos trabajados durante la cursada.



Movernos y sentir(nos) con otros, por Giuliana Salvetti y Fernando Colombero


En el video seleccionado observamos que Pachichi (P.), de 0(10) se encuentra en una sala de estar junto con su papá, mientras que su mamá está presente por fuera de la escena filmando la situación. El adulto permanece acostado sobre una colchoneta en el piso y P., a su lado, sentado sobre su muslo izquierdo, apoyando una mano en la colchoneta y la otra en el abdomen del padre. Luego, lleva la otra mano al abdomen del papá y empuja el suelo con ambos pies. Al pararse, el bebé emite vocalizaciones de esfuerzo y una vez adquirida la posición balbucea /dadada/.

En este momento, el padre levanta su brazo con distancia detrás del cuerpo de P. y, a su vez, va respondiendo con sonidos y frases en alternancia con las vocalizaciones y acciones del bebé. El bebé realiza unos golpecitos con la mano derecha sobre el abdomen del adulto y, cediendo el peso del cuerpo sobre su papá, acerca el pie izquierdo. Después, P. se recuesta sobre el abdomen del adulto, flexionando sus brazos y apoyando su cara a la altura del pecho. Acerca los apoyos de sus pies al tronco de su padre, estableciendo contactos reiterados e intermitentes con el mismo, despegando sus pies alternadamente del suelo. En el momento siguiente, el adulto realiza una exclamación, se ríe y flexiona sus piernas al sentir la mordida del niño. Frente a esta reacción corporal y el habla del adulto, P. extiende sus brazos, incorpora su pecho y mira la cara del mismo. Allí cede nuevamente el peso de su torso y se recuesta intempestivamente sobre el abdomen. Luego, se impulsa sobre sus miembros superiores, se sostiene con la mano derecha y se lleva la mano izquierda a la boca. Al perder la estabilidad se bambolea, apoya ambas manos en el abdomen y el padre hace un leve sostén por detrás; el bebé intenta recuperar el equilibrio extendiendo su columna. Al llevar el torso hacia atrás, se cae sobre su cola. En este intento de volver a pararse, busca treparse agarrando la remera del papá, apoyando su abdomen sobre el cuerpo de éste. En varias oportunidades, el papá acerca y aleja su mano, contactando suavemente el cuerpo de P., sólo cuando el bebé pierde estabilidad.


En este fragmento del video, podemos ver una escena de interacción entre el niño y su papá, con el movimiento como protagonista. El bebé vivencia el contacto y se conecta con su figura de crianza “recibiendo reciprocidad a sus empujes” (Español, 2020a). En esta experiencia, como afirma Español (2020a), el bebé está involucrado con los otros y consigo mismo a través del diálogo con la gravedad, con el ceder y empujar”. En el video observamos que el patrón ceder - empujar se evidencia tanto en los apoyos de sus pies sobre la colchoneta como sobre el cuerpo de su papá, por ejemplo, en el momento en el que el bebé se recuesta sobre el abdomen del mismo. Esta descarga de peso le sirve como “trampolín desde el cual empujar” e incorporarse nuevamente sobre sus manos. El empuje brinda el poder de alejarse, de separar su sí mismo del cuerpo de su padre, posibilitándole erguirse para mirar hacia la cara del adulto.


Con esta experiencia “recibe información constantemente cambiante del otro sobre el que está realizando el empuje y se acomoda a ella (dos sistemas nerviosos están en contacto, dos cuerpos se están acoplando), a la par que recibe información de su propio cuerpo y su propia fuerza. El bebé está consigo mismo y está “consigo mismo con el otro” (Español, 2020a). Es decir, padre e hijo vivencian la experiencia de reciprocidad. Observamos que el adulto permite a P. explorar y vivenciar la libertad y espontaneidad de sus movimientos, apoyos y empujes, permanece como observador atendiendo a la actividad del niño. Se encuentra a disposición con sus movimientos, verbalizaciones y miradas para interactuar y reacomodar su postura cuando lo sienta necesario, andamiando y brindando sostén en las caídas, observándose en su participación no directiva (Bordoni, 2020) “el otro disponible para colaborar y sostener en la exploración”. (Bordoni, Carretero, 2020).


Este modo de estar del adulto con el bebe creemos que posibilita un aprendizaje orgánico, “basado en el ensayo y la reiteración, que nunca está exento de errores, al contrario, el error forma parte de él. Es un aprendizaje que brinda experiencias de libertad y dominio de sí cada vez que se alcanza un movimiento reversible” (Español, 2020a). En el video, P. realiza exploraciones de sus movimientos desde diferentes puntos de partida y apoyos. Prueba diferentes modos cada vez que se incorpora e intenta espontáneamente recuperar su postura de pie. En el momento en que se cae hacia atrás sobre su cola, notamos que se ríe, le gusta la vibración que le genera. Además, la caída le brinda información propioceptiva y vestibular, produce un cambio repentino en el plano de la mirada, y disfruta el acompañamiento de su papá con el tacto y las verbalizaciones. Por último, no comprendemos este suceso como un error, sino como oportunidad de múltiples aprendizajes.


Cabe destacar que en la reiteración y variación placentera de patrones de movimiento identificamos que no están guiados por una meta o logro particular sino por la satisfacción que acompaña al propio hacer del bebé, tal como afirma Chava Shelhav, presentado por Español (2020b). La experiencia corporal de P. en este video se corresponde con los movimientos presentes, guiados por los sentidos, en el aquí y ahora, vinculados con “el sentimiento vital de ser autor, o co-autor, de algo que está ocurriendo en tiempo presente; brindan un sentimiento de autoría primario, ajeno al éxito o fracaso propio de la acción” (Español, 2020b).


En consonancia con los movimientos presentes, podemos afirmar que P. desarrolla un juego sensoriomotor, donde su propio cuerpo es el objeto de juego, y él va guiando la exploración. Si bien se centra en la acción corporal y la vivencia reiterada de sus movimientos, apoyos y posturas, no se desarrolla en solitario sino que ocurre en compañía de un adulto, quien por momentos interactúa con el bebé dando respuestas multimodales a su accionar. Esto aporta un tinte social e interactivo al juego sensoriomotor, aunque no sea el eje principal del mismo, tal como expresa Español (2020c).


Como conclusión, hemos intentado articular ejes claves para acercarnos a la comprensión de la experiencia del bebé, en sintonía con los modos posibles de estar juntos con los otros. Consideramos fundamental como adultos darnos tiempos y espacios para la vivencia corporal, procurando acallar y aquietar los pensamientos, para intentar acercarnos a la vivencia de los bebés. Esto nos posibilita disponernos corporal y emocionalmente a conectarnos, movernos, sonar y sentir con ellos, en la singularidad de cada encuentro, así como se evidencia en este experiencia compartida de P. y su papá.

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